Nadie puede negar que Peter O'Toole brilló como nunca en 'Lawrence de Arabia', pero él no era la primera opción de sus responsables. Ellos tenían otro nombre en mente para encarnar al legendario oficial británico: Marlon Brando. De hecho, su fichaje llegó a darse prácticamente por hecho. Sin embargo, por esas fechas, al actor le dieron la oportunidad de rodar otra película, en Tahití y digamos que no se lo pensó mucho.
"Lean era un director excelente, pero tardaba tanto en hacer una película que me habría secado en el desierto como un charco de agua", quiso confesar Brando en sus memorias, donde también reconoció haberse sentido atraído por la Polinesia Francesa desde muy joven. Lo que no podía llegar ni a sospechar a esa edad es que un día se compraría un atolón y que este, 60 años después, se habría erigido en un paraíso para las tortugas verdes, además de un modelo pionero de turismo sostenible, leemos en el LA Times.
Esta historia comienza con el rodaje de 'Rebelión a bordo' ('Mutiny on the Bounty', 1962), donde Brando hace de Fletcher Christian, el oficial de la marina británica que lidera el amotinamiento contra el estricto capitán Bligh. Allí, entre chapuzones en la bahía con los extras locales y la brisa tropical, el actor descubrió a lo lejos un pequeño atolón llamado Tetiaroa que despertó en él una atracción mística. No se lo pudo quitar de la cabeza y, una vez terminó de grabar la película, decidió visitarlo: "Era más grande de lo que pensaba y más hermosa que cualquier cosa que hubiera imaginado", contó.
Aquel paraíso, formado por una docena de islotes rodeados por una laguna de intensos tonos azules, pertenecía a Madame Duran, una anciana estadounidense invidente que lo había heredado de su padre, y este a su vez lo recibió como un obsequio de Pomare V, el último rey de Tahití. Tras varios viajes, largas conversaciones con la propietaria y algún que otro obstáculo burocrático no menor, Brando acordó la compra de la mayor parte del atolón por 200.000 dólares. En 1967 pagó otros 70.000 dólares por el resto. La única condición que se le impuso fue que no talara los árboles tou, un compromiso que el actor aceptó junto con la promesa de preservar el entorno natural de la isla.
Y cumplió su palabra. Tras convertirse formalmente en propietario en 1966, Marlon Brando no buscó erigir una mansión ostentosa, sino crear un santuario ecológico y un refugio autosostenible. Desarrolló un pequeño asentamiento con construcciones de estilo tahitiano y una pista de aterrizaje, al tiempo que impulsaba su idea de convertir Tetiaroa en un lugar donde la naturaleza tuviera un rol protagonista. Décadas después, insistimos, aquella visión acabaría materializándose en proyectos de energía solar, conservación y otras iniciativas científicas muy aplaudidas vinculadas al atolón.
Por supuesto, Brando también disfrutó de su compra, faltaría menos. La isla se convirtió en un refugio para él, un lugar donde alejarse de los focos mediáticos y pasar largas temporadas nadando o tumbado en la playa mirando las estrellas: "Es maravilloso dormir desnudo en la playa, porque el viento te recorre y te acaricia como nunca antes te han acariciado en la vida… Muy pronto me di cuenta de que yo no era el dueño de esa isla; la isla era mi dueña… Nada de lo que pensara, sintiera, esperara, experimentara o supiera tendría más importancia que aquel lugar", contó el artista (vía LA Times).
Tetiaroa.
Tras la muerte de Marlon Brando en 2004, la propiedad de Tetiaroa pasó a un fideicomiso que respetó la promesa del actor a Madame Duran y otorgó una concesión de 99 años a la firma Pacific Beachcomber, liderada por Richard Bailey, colaborador del actor. Así, en 2014 abrió sus puertas The Brando, un exclusivo ecorresort que ocupa tan solo el 10% de la superficie terrestre del atolón, en el islote Onetahi, mientras el resto quedó preservado de nuevas construcciones. Hoy en día, la isla funciona como un próspero laboratorio de sostenibilidad que utiliza energía solar y el sistema de aire acondicionado con agua marina profunda (SWAC) más grande del mundo, financiado en parte por el turismo de ultra lujo para sostener a la Tetiaroa Society: una entidad científica que investiga y protege a miles de tortugas verdes, aves marinas y arrecifes de coral en este santuario natural. ¿Te interesa? Más información en su web oficial.
Una película por la que batió un Récord Guinnes
'Rebelión a bordo' ('Mutiny on the Bounty') puede verse actualmente en el catálogo de cine clásico de Filmin y bueno, se puede decir que dejó al actor con suficiente cash como para comprarse varias islas. Y es que aquella película permitió al actor convertirse en la primera estrella de Hollwyood en ganar más de un millón de dólares por un filme. En concreto ganó 1,25 millones, una cifra ridícula comparada con lo que cobró por salir 10 minutos en pantalla como Jor-El en 'Superman' (1978): tres millones de dólares, 14 millones con su porcentaje de taquilla. Este largometraje lo tenéis en HBO Max.
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