El rodaje donde Marilyn Monroe se levantó la falda 14 veces delante de 5000 personas, paralizó Nueva York y provocó su divorcio

El director Billy Wilder sabía que tenía, al menos, una escena ganadora, aunque acabó odiando la película

Marilyn Monroe
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Randy Meeks

Editor

"¿Dónde está el bourbon?". Es probable que conozcas esa frase, que por sí sola no tiene ningún interés pero forma parte de la leyenda de Marilyn Monroe, que durante el rodaje de 'Con faldas y a lo loco' ('Some Like it Hot', 1959) se olvidaba constantemente de su línea de guion.

Tuvo que repetir la escena más de 50 veces para desesperación de su director, Billy Wilder, un genio del cine que ya había prometido que no volvería a trabajar con ella después de colaborar en 'La tentación vive arriba' ('The Seven Year Itch', 1955). Pero las cosas, en fin, están destinadas a ocurrir.

Bourbon y Manhattan

Han pasado 64 años desde la muerte de Marilyn y su triste vida todavía sigue fascinándonos. Era otro Hollywood, el de una época rendida al star system que podía mantener la mayor parte de su vida privada oculta para la mayoría del público pero que, si saliera a la luz, hubiera causado auténticos escándalos. El biopic 'Blonde', con Ana de Armas de protagonista, es la prueba de que seguimos obsesionados por la tentación rubia, su sonrisa, su lunar... y su doble vida como Norma Jean.

Marilyn Monroe

En su momento de mayor fama, había una auténtica Marilyn-mania en todo el mundo. Para hacernos una idea de hasta dónde llegaba, se dibujaban cameos de la actriz en cómics de Archie y Superman, copaba las portadas de las revistas e incluso fue capaz de poner de moda un cóctel que ha pasado a la historia solo por prepararlo en una película.

Seguro que lo recordáis: al inicio de 'Con faldas y a lo loco' utiliza una bolsa de agua caliente para preparar un Manhattan, que había pasado de moda como una bebida exclusivamente varonil dos décadas antes. Gracias a ella, ganó glamour de forma inmediata.

Pero puede que el mejor ejemplo del fanatismo y del revuelo social hacia Marilyn esté en 1954, cuando Wilder, que acababa de estrenar 'Traidor en el infierno' y 'Sabrina', decidió rodar una comedia que recibió censura continua por parte del código Hays y de la que el director se acabaría arrepintiendo profundamente.

"Es una película sobre nada porque debió hacerse sin censura. Simplemente no salió bien, y no hay nada que pueda decir sobre ella, excepto que ojalá no la hubiese hecho. Desearía tener la opción ahora", comentaba el cineasta en 1970. Pero no hablamos de la película por casualidad, sino por una escena. Sí, ya sabes cuál.

Por la raja de su falda

15 de septiembre de 1954. Una de la madrugada en el cruce entre la Avenida Lexington y la Calle 52 de Nueva York. Entre 2000 y 5000 personas y unos cien fotógrafos esperan a que pase el metro por las rejillas de ventilación para que a Marilyn Monroe se le levante la falda, en vivo y en directo. Billy Wilder quería grabar en la calle para que la escena quedara realista, pero había tanto ruido (se cuenta que había ovaciones cada vez que el vestido echaba a volar) que no pudo ser.

Marilyn Skirt

Y no será porque no lo intentaron: hasta catorce veces durante tres horas se repitió el famoso plano en la calle antes de cambiar de idea, cortar e irse a un estudio de California para terminarlo. Pero aún se tuvo que repetir unas cuarenta veces más hasta encontrar el plano perfecto.

A los problemas que tuvieron para rodar en la calle no ayudó que Joe DiMaggio, el marido de Marilyn, se enterara de lo que estaba pasando por culpa del columnista Walter Winchell. Al ver lo que ocurría, explotó de furia y se marchó entre gritos del lugar de la grabación.

No había motivos reales para llevarse las manos a la cabeza por un acto impúdico: Monroe llevaba doble ropa interior blanca para asegurarse de que nadie veía nada si no controlaba el aire correctamente. Pero a DiMaggio le dio igual. 

Al día siguiente, Marilyn Monroe apareció en el rodaje con moratones y contusiones que causó una pelea con su esposo en el hotel esa misma madrugada, y tuvieron que taparlo todo con maquillaje para continuar la película. Poco después, la estrella pidió el divorcio por "crueldad mental", aunque la relación abusiva aún traería cola.

Tras aquel día, Billy Wilder sabía que no iba a poder usar esas imágenes en la película, pero sí fue una jugada maestra de marketing, al menos. De hecho, se cuenta que fue él mismo quien "filtró" a la prensa el lugar del rodaje, consiguiendo publicidad inmediata para una película que fue un absoluto éxito de taquilla, multiplicando casi por diez lo que costó.

Curiosamente, hoy por hoy comprar el famoso vestido en sí ya cuesta cuatro veces lo mismo que en su día se gastaron en la película al completo: 4,6 millones de dólares en una subasta de 2011 que la artista Debbie Reynolds se embolsó después de pagar tan solo 200 dólares por él cuatro décadas antes.

Ah, sí, y ha tenido una secuela que nadie vio venir: aún hoy, si paseas por Manhattan, verás a gente haciéndose fotos para Instagram con la falda levantada en las rejillas del metro. Pocos iconos más grandes han perdurado tanto.

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