Es una de las escenas iniciales más emblemáticas de la ciencia ficción: hace 58 años, redefinió el género

Es una de las escenas iniciales más emblemáticas de la ciencia ficción: hace 58 años, redefinió el género

Stanley Kubrick abrió una de las grandes obras maestras de la ciencia ficción con una secuencia que condensa en apenas unos minutos millones de años de evolución humana

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Fotograma de la película
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Belén Prieto

Editora

En 1968, Stanley Kubrick estrenó '2001: Una odisea del espacio' y cambió para siempre la forma de entender el cine de ciencia ficción. La película es considerada como una de las grandes obras maestras del género y no necesitó grandes explicaciones para plantear algunas de las preguntas más ambiciosas sobre la evolución humana, la tecnología y nuestro lugar en el universo. 

De hecho, Kubrick dejó clara su intención desde los primeros minutos, con una secuencia prácticamente muda en la que un grupo de primates descubre un misterioso monolito negro y, poco después, uno de ellos encuentra una nueva utilidad para un hueso. Lo que sucede a continuación es una de esas imágenes que han quedado grabadas en la historia del cine: el primate lanza el hueso al aire y, en uno de los saltos temporales más célebres jamás filmados, Kubrick lo convierte en una nave espacial. 

Millones de años de evolución en unos segundos

La secuencia comienza con un amanecer y después comienza a sonar 'Así habló Zaratustra', de Richard Strauss. Aparece un paisaje primitivo y vemos a un pequeño grupo de primates que busca alimento y trata de sobrevivir rodeado de depredadores. No hay diálogos ni explicaciones que indiquen al espectador dónde se encuentra o qué debe pensar. La cámara simplemente observa a estos animales mientras intentan encontrar comida y proteger su territorio, hasta que la aparición de otro grupo provoca un enfrentamiento que obliga a los protagonistas a retirarse.

Es entonces cuando aparece el monolito gigante. Su presencia rompe completamente con el aspecto naturalista de la secuencia, porque vemos una estructura negra, perfectamente lisa y geométrica que surge en mitad de aquel paisaje como un elemento imposible de explicar. Los primates se acercan con cautela, lo observan y finalmente uno de ellos se atreve a tocarlo. Kubrick nunca explica qué es realmente el monolito ni de dónde procede, y precisamente esa ausencia de respuestas convierte el momento en algo mucho más inquietante. Lo importante no parece ser tanto el objeto como lo que sucede después.

Frente a un esqueleto, uno de los primates comienza a golpear los huesos con otro fragmento. El descubrimiento parece insignificante, pero la película lo presenta como un instante decisivo: por primera vez, el animal comprende que puede utilizar un objeto para modificar aquello que le rodea. El hueso deja de ser simplemente un resto de otro animal y se convierte en una herramienta. Poco después, también en un arma. Y es así como Kubrick condensa así en unos pocos movimientos el nacimiento de una idea que terminará transformando por completo la existencia de esa especie.

'2001: Una odisea del espacio'

Y entonces llega el golpe de genio. El primate lanza el hueso hacia el cielo y, mientras el objeto gira en el aire, Kubrick corta directamente a una nave espacial flotando en el vacío. Han pasado millones de años en apenas unos segundos. El hueso y la nave no son el mismo objeto, pero la película los conecta visualmente para establecer una relación directa entre ambos: la primera herramienta y la tecnología más avanzada son dos puntos de una misma evolución. No hace falta mostrar ese proceso. El espectador completa mentalmente todos los siglos que faltan entre una imagen y otra.

La fuerza de la escena está precisamente en su capacidad para sugerir tantísimo sin necesidad de explicar prácticamente nada. Kubrick no introduce una voz en off que hable sobre la evolución humana ni utiliza diálogos para subrayar la importancia del descubrimiento. Son las imágenes, el montaje y la música los que convierten un hueso lanzado al aire en una representación de millones de años de historia. '2001: Una odisea del espacio' empieza así con una pregunta sobre nuestros orígenes para, inmediatamente después, situarnos frente a la inmensidad de nuestro futuro. Y quizá esa sea una de las razones por las que esta secuencia continúa siendo tan poderosa más de medio siglo después.

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