'Nuevo Sabor a Cereza': Netflix dinamita el verano con una indescriptible serie de terror candidata a rareza de culto del año
Críticas

'Nuevo Sabor a Cereza': Netflix dinamita el verano con una indescriptible serie de terror candidata a rareza de culto del año

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La llegada de las plataformas de streaming ha creado una burbuja peligrosa de contenido audiovisual que aparece en tromba cada semana y se va según llega. La acumulación tiene consecuencias inesperadas, desde la repetición de esquemas, valores de producción miméticos, horas de relleno y explotación de marcas conocidas hasta su drenaje completo. Pero de vez en cuando, muy de vez en cuando, en Netflix aparecen series comoNuevo Sabor a cereza’ (Brand New Cherry Flavor, 2021).

La apertura de miras en la producción no solo genera fotocopias, sino que ofrece oportunidades para que los autores experimenten y se adentren en caminos por explorar de forma que hace unos años no podíamos imaginar. La idea de una serie sobre una aspirante a directora de cine que vomita gatitos, busca pelos púbicos para conjuros y que tiene visiones de mujeres con la cara hueca no es de las que se propongan en salas de reuniones todos los días, pero hoy no solo es posible, sino que se realiza con una puesta en escena estrenable en cines.

Los ocho capítulos de ‘Nuevo Sabor a Cereza’ no son perfectos. El desarrollo de la historia tiene alguna descompensación en su estructura y al acabar sientes que algunos pasajes iniciales o del nudo podrían haber sido más desenvueltos para llegar a los puntos clave y ese tiempo podría haberse empleado en un final más generoso en minutos para cerrar algunos flecos. Pero nunca aburre y en ningún momento esa falta de explicaciones finales juega en su contra. Más bien al contrario.

Una experiencia inclasificable

Sería incluso poco útil tratar de explicar el argumento de la serie, ya que no responde ni siquiera a las comparaciones más obvias. Podríamos dar la pista de que adapta la novela homónima de Todd Grimson pero ni siquiera sería ajustado, puesto que solo cubre un tercio de la misma, sin que, en principio, se eche en falta nada en su (estupendo) final abierto, aunque podría tener espacio para una nueva temporada que parece improbable, por lo radical de la propuesta y por la propia desconfianza de Netflix en el producto, que han enterrado en el fondo de catálogo.

No es extraño que la plataforma lo pase tan mal para vender su producto que decida no moverlo ni en redes, porque aferrarse a alguno de los elementos más reconocibles es tan sencillo como agarrar peces con guantes llenos de lubricante. Puede describirse como una historia de venganza sobrenatural en el mundo sórdido de Los Ángeles, con Hollywood como telón de fondo, pero el diablo –jé– está en los detalles, y ese lienzo es demasiado enorme. A muchos les bastaría saber que es la esperada nueva miniserie del creador de la monumental ‘Channel Zero’.

Nick Antosca se consagra como una de las voces más libres e inclasificables del terror actual desarrollando junto a Lenore Zion un relato amoral que podría servir como enema de los fantasmas del MeToo y la luchas de poder en el mundo del cine, al tiempo que incluye un catálogo impío de body horror, apariciones, zombies vudú, sexo bizarro, demonios extraños y la imaginería más extraña que te vas a encontrar este año. Podría ser la temporada cinco de ‘Channel Zero’ si esta hubiera tomado una vía de madurez menos inaccesible.

Brand New Cherry Flavor

David Lynch, Cronenberg y el indie "cool" de los años 90

Otra vano intento de describirla podría ser como una versión de ‘Inland Empire’, ‘Mulholland Drive’, ‘The Neon Demon’ o ‘Starry Eyessi se chocaran a toda velocidad con la vendetta de ‘Kill Bill’. La protagonista, Liza Nova, una directora novel, busca recuperar su película de las manos de un productor que la ha engañado y ha decidido no seguir adelante con su proyecto cuando esta no quiere ceder a la extorsión sexual que le plantea. Esto desencadena una serie de luchas de hechizos, sicarios y encantamientos de ida y vuelta que centran el grueso del argumento de la serie.

La lucha va escalando como si fuera una especie de versión de ‘Maleficio’ de Stephen King en el mundo de ‘Vivir rodando’ de Tom DiCillio a la que se le hubiera aplicado una estética de cine indie y noir de los 90, en la que prima la comedia negra y el humor absurdo, pero también en la que la violencia y el terror suceden muy en serio. ‘Nuevo Sabor a cereza’ podría ser también un cómic de Vértigo, con ese realismo mágico oscuro urbano de Neil Gaiman en el que cualquier cosa puede suceder pero en la que los diálogos fluyen sobre la acción o los sustos.

Brand New

Pero no es fácil catalogarla. También funciona como una sátira grotesca del agujero negro del mundo del arte en la que la ética de todos los personajes, incluida la de la protagonista, es pringosa y cuestionable. Quizá por esa trabajada, e inusual, gama de grises no acaba de sorprender ver cómo la protagonista vomita gatitos infernales, los sueros resucitadores hechos con puré de renacuajo, o el bárbaro asalto a la nueva carne que evoca los mejores momentos de los cómics de Charles Burns o las películas de terror venéreo de David Cronenberg.

Channel Zero: Cherry Flavor

Y es que, si en ‘The Dream Door’ Antosca invocaba ‘Cromosoma 3’ y su reproducción psicosomática, aquí no solo encuentra continuidad con producción de fetos felinos por vía esofágica, sino que encontramos órganos sexuales a lo ‘Rabia’, el fetichismo por los mismos de ‘Crash’ o ‘Existenz’ y **una escandalosa secuencia de sexo después de parir que deja el momento del "nuevo estómago" de James Woods en ‘Videodrome’ como un vídeo educativo de colegio de monjas. Es la clásica serie de ver para creer. Es un cliché, pero muchos la odiarán y otros la amarán.

Brandnew

Pero ojo, a diferencia de ‘American Horror Story’, no busca la provocación pueril de forma mecánica, sino que todo entra dentro de la compleja tortura a la que se ve expuesta Liza Nova, en pleno purgatorio de sus propios pecados al estilo del guionista encerrado en un hotel infernal de ‘Barton Fink’. Quizá es en ese grupo de películas de lugares asfixiantes que reflejan los propios demonios, como ‘Apartment Zero’, ‘Corazón de medianoche’ o la de los Coen, es en donde mejor podría encajar la nueva serie de Netflix.

Además, el misterio general de la temporada circula alrededor del misterioso rodaje del corto ‘Lucy’s Eyes’ por parte de Liza Nova, un trabajo extraño que acaba tomando tintes de vídeo maldito como el de ‘The Ring’ o incluso ‘Cigarrette Burns’ de John Carpenter y que tiene su propio encanto, con su aspecto parecido a ‘The image’ con David Bowie, 'Carnival of Souls', ‘La noche de los muertos vivientes’ o los clásicos vhs underground de la época que le da ciertas conexiones con una de las películas de terror más comentadas del año, la británica ‘Censor’.

Gótico de Los Ángeles

El reparto de ‘Nuevo Sabor a cereza’ es fantástico, con secundarios como Manny Jacinto o Patrick Fischler —que refuerza la presencia de Lynch en cada plano— y una villana de lujo como Catherine Keener, que no por casualidad fue musa de DiCillio en los 90. Pero es imposible no destacar el memorable trabajo de Rosa Salazar como Liza Nova, la antiheroína de la serie, un personaje oscuro con el que no es difícil empatizar a pesar de su comportamiento cuestionable y cuyas reacciones a las consecuencias de la magia negra son inestimables.

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‘Nuevo sabor a cereza’ entra de lleno en la mejor tradición LA Gothic que mira a la ciudad de los sueños como un lugar extraordinario, oscuro y decadente, con oscuras leyendas y horrores escondidos; desde ‘Como plaga de langosta’ a ‘Lo que esconde Silver Lake’, y lo hace ambientando su historia en los 90 tempranos, acompañando todo con una banda sonora espectacular que huye de la nostalgia y rescata un buen puñado de temas poco conocidos u olvidados, de artistas como Primus a Concrete Blonde, Os Mutantes e incluso… ¡Phil Collins!

Tratar de entender esta serie como una obra de prestigio es ponerse piedras en el camino para disfrutar de su apuesta por la actitud, su dervergonzada condescendencia por la explotación sin desatender la historia y su cuidado desarrollo de personajes. ‘Nuevo sabor a cereza’ es toda una experiencia, tan sólida como ruidosa, quizá no para todos los públicos pero sí para los paladares hambrientos de rarezas que aparecen de la nada y no se parecen a los dictados transcritos por la dictadura del algoritmo. Un viaje lisérgico, grimoso y, sobretodo, único, que muestra que las fronteras al género del terror están por trazar.

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