Suele decirse que "el diablo está en los detalles" y, en lo que respecta a la producción de un largometraje, estos son los que marcan la diferencia y pueden elevar el producto final de lo aceptable a lo notable y, por supuesto, de lo notable a lo excelente. Por supuesto, si medio mundo está elogiando esa genial majadería que es 'Resident Evil', es precisamente porque su director Zach Cregger ha estado pendiente hasta del más ínfimo pormenor.
Sangre de su sangre
Puede que uno de los elementos más importantes, junto a un tratamiento de cámara al que habría que dedicar un análisis más exhaustivo, es el uso de una sangre artificial que se eleva como uno de los grandes pilares de cualquier producción de terror con gusto por la hemoglobina que se precie. Para Cregger, este fluido es tan "fundamental" como tremendamente complejo de crear y manejar.
Durante una entrevista con patrick 2masso, el realizador profundizó sobre el trabajo realizado con la sangre falsa, señalando uno de los grandes retos a los que se enfrentaron él y su equipo.
Es fundamental y depende totalmente de la superficie sobre la que se aplique. Por eso, una sangre falsa que quede genial en la cara de alguien no será la misma que querrás usar en su ropa. Y también depende del color de la tela. La sangre falsa que usamos en la nieve tiene que tener una fórmula completamente diferente a las otras dos. Así que, realmente, hay que verlo caso por caso.
El compromiso de Cregger fue tal que, para intentar mostrar a sus colaboradores cómo debía verse el efecto sobre diferentes superficies, no titubeó a la hora de tirar de cuchillo.
Sé que Sam Raimi tiene una fórmula a la que siempre recurre. Y es increíble. Pero, para esta película, me di cuenta de que no lo estábamos haciendo bien. Y, llegado un momento dado, tuve que intervenir, cortarme la mano y manchar de sangre la ropa para que pudiéramos ver exactamente cómo debía quedar la sangre en un tejido y cómo debía quedar en otro. No fue nada divertido, pero, bueno, ya sabes, hay que hacer lo que hay que hacer para conseguir la sangre adecuada.
Queda claro que, cuando un director es capaz de dar su propia sangre por sacar adelante su obra, es difícil que algo termine saliendo mal.
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