Por qué ‘La guerra del mañana’ es mucho más que un blockbuster de ciencia ficción: Amazon estrena la gran película de monstruos del año
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Por qué ‘La guerra del mañana’ es mucho más que un blockbuster de ciencia ficción: Amazon estrena la gran película de monstruos del año

Tras un periodo de latencia más largo de lo que pensábamos que podíamos aguantar, los grandes estrenos de pantalla grande se hicieron de rogar y han decidido llegar a la segunda mitad de 2021 en tromba, creando un efecto de lluvia de oro en la que de no tener nada hemos pasado a tener demasiado en donde elegir. Quizá por eso, una película tan tremendamente divertida y masiva comoLa guerra del mañanaestá pasando como un estreno más de Amazon.

Con 200 millones de dólares de presupuesto y un reparto encabezado por Cris Pratt y J.K. Simmons, esto habría sido uno de esos eventos imprescindibles que llenan las marquesinas de las grandes ciudades, pero el efecto pandemia ha relegado el film a ser una de esas apuestas de plataforma con póster genérico de foto de personajes con diseño paupérrimo y el logo de la compañía más grande que el nombre de sus estrellas o el director. No solo esto crea una impresión menor frente al film, sino que deja de imponer cierto respeto como producto.

La Guerra del mañana’ es un megablockbuster sin muchas complicaciones, más bien una serie B cara, pero una verdadera, que un complejo artefacto de ciencia ficción diseñado para asombrar a los fans habituales de Christopher Nolan. Llega en un año en el que películas competentes pero que tampoco arriesgan nada, como ‘Un lugar tranquilo 2’ (A Quiet Place 2, 2020) han centrado la conversación por haber tenido la suerte de que, en este caso también Paramount, haya tenido paciencia con ellas para permitirles arrasar en el cine.

El gran blockbuster tapado del año

Otros grandes estrenos de fantástico y terror del año como ‘Ejército de los muertos’ (Army of the Dead, 2021) y ‘Godzilla vs Kong’ (2021) crearon sendos terremotos en su mes de estreno y a pesar de ser largas, aburridas y mediocres han logrado ocupar un espacio que parece que ‘La guerra del mañana’ no está destinada a compartir por su tratamiento de estreno streaming del montón. Sin embargo, el film de Chris McKay es mucho más que una película de ciencia ficción destinada a ocupar un espacio de estreno semanal para rellenar catálogo.

Es cierto que no intenta inventar la rueda, pero pocas veces tenemos oportunidad de ver aventuras tan plegadas a la diversión sin complejos y sin ataduras, mucho menos una rotunda fantasía militar con olor a pólvora, disciplina Heinlein y retorcidas criaturas de pesadilla con un diseño espectacular de Ken Barthelmey, irónicamente el creador de los mejores monstruos de ‘Godzilla vs Kong’. ‘La guerra del mañana’ es puro espectáculo Bis de ciencia ficción bélica monstruosa a tiro limpio, lo que a priori puede parecernos lo de siempre, y diablos, quizá lo sea, pero que se echaba muy en falta.

El trabajo de McKay sigue la tradición del gran cine de palomitas sobre invasiones extraterrestres a gran escala, desde el tono catastrófico de ‘Independence Day’ (1996) con la que comparte también fanfarrias, pero con el componente de viajes temporales de ‘Al filo del mañana’ (Edge of Tomorrow, 2014), aunque lo cierto es que este está muy simplificado y se centra más en las posibilidades humanas de un futuro catastrófico cercano en la que miembros de la familia pueden coincidir, más cercano a ‘Terminator’ (1984) o ‘Interestellar’ (2014) que otra cosa.

The Tomorrow War

Tono de comedia geek

Pero cuando se digiere el detalle de ciencia ficción de viajes temporales se impone el ángulo bélico deStarship Troopers’ (1997) y la infravaloradaInvasión a la Tierra’ (Battle L.A., 2011), aunque ‘La guerra del mañana’ prefiere ponerse al lado de Paul Verhoeven y su generosa ración de escenas de caza de bichos, sin perder, eso sí, el punto de juguete geek afín al manga, con un planteamiento que manda a gente a una batalla como si fueran participantes de ‘Gantz’, incluidos supervivientes de juegos anteriores como si fuese ‘Battle Royale’ (2000), solo que aquí los participantes son cuarentones sin futuro.

Lo que hace especial el concepto de ‘La guerra del mañana’ es que su equipo humano no está formado por experimentados soldados, sino por tu vecina y personas de lo más normal que son requeridos en el futuro, con el truco bajo la manga de que al ser mayores hay más posibilidad de que mueran y, de hecho, eligen a los desahuciados para que no se produzcan paradojas temporales importantes si caen en combate en el futuro. Un gimmick sencillo pero con un sentido del humor perverso, sobre todo cuando vemos a decenas caer al vacío muriendo como lemmings.

Y es que lo que hace a ‘La guerra del mañana’ un divertimento refrescante es que está coloreado de humor y una autoconsciencia que aligera la gravedad de su arco dramático. Ya en su primer minuto suena la canción navideña ‘Christmas Wrapping’ de The Waitresses, probablemente la más bizarra, tonta y desconcertante posible, todo un clásico estacional en los Estados Unidos pero que tiene una implicación absurda que fuera del país muchos pueden no captar, pero lo cierto es que es una elección consciente que marca el tono del film.

Al ritmo de los personajes

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Y es que McKay puede que sea el director más improbable para un film de estas características, pero su impronta como artífice de ‘Batman: La LEGO película’ (2017) aplica un tono ligero al conjunto que se va haciendo más evidente a lo largo del metraje. Empezando con un reparto liderado por Chris Pratt, que abraza aquí un lado más campechano que su personaje en la saga ‘Jurassic World’, aunque no llegue a ser el payaso narcisista Starlord. Su química con Yvonne Strahovski es entrañable y en ella reside el corazón de la película.

Hay un elemento central de paternidad de ida y vuelta bastante mejor pensado de lo que parece y el guion de Zach Dean de encarga de plantar frases y momentos que nunca quedan sin su retribución más adelante en la película, con las dinámicas de padre e hija en el presente endurecidas por una situación catastrófica que añade un punto emocional magro, conciso y muy efectivo para encontrar luego la redención de ida y vuelta en el padre de Pratt en el film, un lacónico J.K. Simmons que forma un curioso triángulo con su nieta.

Tom War

El viaje en el tiempo permite un paralelismo a tres bandas en el que el comportamiento de Dan Forrester con su familia –que aún no ha ocurrido– refleja en el de su padre James, lo que plantea un interesante conflicto en el que debe manejar sus sentimientos con su hija, y al mismo tiempo entender que a veces son necesarias las segundas oportunidades. Los lazos emocionales son livianos pero efectivos y añaden el toque familiar a un film que, pese a estar concebido como un taquillazo, acaba siendo más un tebeo fantástico con alma freak.

Una verdadera película de monstruos

Ante todo, ‘La guerra del mañana’ es una película de monstruos de gran escala que no busca más ser una buena película de monstruos. Da igual que la guerra sea futura o presente, lo que importa es que sus dos horas y pico se las arreglan para introducir hasta cuatro grandes secuencias de acción con los whitespikes, seres alienígenas de absoluta pesadilla que se comen a la gente, lanzan espinas por tentáculos, como los Critters y están llenos de sorpresas, pero que ante todo son muy peligrosos y se presentan en pura una escena de tradición clásica de cine de terror –ojo a esos cuerpos colgando como en la saga ‘Depredador'–.

Las escenas con su presencia se sienten como parte de ‘Aliens: el regreso’ (1986), en las que no faltan monstruos muertos y recargas de munición, pura acción de lógica shooter de videojuego, pero muy bien planificada visualmente, puesto que siempre hay una excelente referencia espacial y la puesta en escena es tan sencilla como cristalina. En este aspecto sí que se nota que todo está muy diseñado para disfrutar en la gran pantalla, con profusión de planos amplios en los que se puede ver el movimiento de los monstruos, incluso algunos excelentes, como en los que una matanza se refleja en las lentes de unos prismáticos.

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Es en esas tomas generales donde se ha querido comparar al film con ‘La gran muralla’ (The Great Wall, 2016) o ‘Guerra mundial Z’ (world War Z, 2013), pero pese a la planificación de algunas escenas con planos generales (que en realidad recuerdan más a los de ‘Starship Troopers’), los combates con las criaturas tienen más madera de verdadera monster movie, llegando a destapar su verdadera naturaleza en un delicioso tramo final más íntimo que empieza como un homenaje aLa Cosa’ (The Thing, 1982) de John Carpenter, con conexiones arcanas lovecraftianas bajo el hielo y se convierte en una miniaventura de “caza al alien” en sintonía con la saga ‘Temblores’ (Tremors, 1990).

Hacerlo sencillo no es tan fácil

Criticado por ser más “convencional”, este especie de cuarto acto apuesta por la conexión entre personajes y rescata a un J.K. Simmons estoico, con una química genial con Chris Pratt que es el verdadero oro del film y la hace digna de una secuela de ambos como buddy movie familiar contra criaturas. El James Forrester que compone tiene el sabor arisco de Charles Bronson en ‘El desafío del Búfalo blanco’ (The White Buffalo, 1977), e incluso hay ideas del clímax que recuerdan a aquella.

Simmons

También funcionan bien en ese tramo Sam Richardson –otra prueba de la vocación de comedia del film– y ese inesperado uso de una radial, que ni Zack Snyder acabó poniendo en su nueva oda zombie pese a coquetear con ello toda la película, y la idea genial de que el friki de los volcanes de la clase tenga la solución para salvar a la humanidad. Una suma de detalles que nos indican que no se toma tan en serio como se está queriendo ver y su concepción de la acción exige una mirada a la altura de su vocación palomitera.

Esto no es obstáculo para que algunos detalles del argumento no resuenen de una manera interesante en nuestra sociedad postpandemia, en el albor de una crisis climática y con la responsabilidad de los gobiernos siempre un paso por detrás –algo que aprovecha el film para hacer una caricatura de la autoridad que abandona a una clase media que decide actuar por su cuenta–. Que toda la esperanza resida en una vacuna adquiere un nuevo significado en 2021, y que sea nuestra descendencia la que exija responsabilidades directas no deja de resonar a las responsabilidades futuras de forma mordaz.

The Tomorrow War 1

La guerra del mañana’ es una propuesta de ritmo sin concesiones, que entiende el carburante de la fantasía de películas como ‘Starfighter: La aventura comienza’ (The Last Starfighter, 1984) sin necesidad de jugar a la nostalgia, que se recrea en sus referencias pero también se preocupa en construir su propio universo, latiendo a su propio compás sin depender de ser secuela, reboot o adaptación de ninguna marca o videojuego previos. Tan solo hay que echar un vistazo a los éxitos de taquilla del año para darse cuenta de que incluso siendo algo derivativa, ya es única en su especie.

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