El cine político no siempre necesita mostrar a un presidente, una guerra o un parlamento para hablar de política. A veces basta con contar la historia de una persona que intenta vivir libremente en una sociedad que se lo impide, de un grupo de mujeres que lucha para que se reconozcan los abusos que ha sufrido o de unas niñas que imaginan un futuro diferente al de las generaciones anteriores.
Y esa es precisamente una de las ideas que atraviesan 'Narciso' -que acaba de estrenarse en cines-, que la política puede estar en las grandes decisiones de los gobiernos, pero también en las relaciones de poder que condicionan nuestra vida cotidiana.
Dictaduras, guerras y abusos de poder
'Narciso' es el segundo largometraje del paraguayo Marcelo Martinessi y se sitúa en la Asunción de finales de los años 50, durante los primeros años de la dictadura de Alfredo Stroessner. Su protagonista es Narciso Arévalos (Dino Romero), un joven aficionado a Elvis Presley, Chuck Berry, Little Richard y otras estrellas del rock que llega a trabajar en una emisora de radio.
Desde que pone un pie dentro, su forma de vestir, bailar y presentar aquellas canciones extranjeras empieza a llamar la atención en una sociedad profundamente conservadora. Pero lo que parece al principio una historia sobre la llegada del rock and roll a Paraguay se convierte poco a poco en el retrato de un régimen que utiliza la defensa de la moral pública para controlar las libertades de sus ciudadanos y perseguir a la comunidad homosexual.
La película utiliza además la radio como escenario para mostrar las tensiones que permanecen ocultas bajo la superficie. Manuel Bermúdez (Manuel Cuenca), responsable de la emisora, mantiene una doble vida y la llegada de un funcionario de la embajada estadounidense añade nuevas tensiones a una historia marcada por los secretos, la represión y el miedo. Martinessi construye así una película oscura, casi de terror, en la que la producción de una versión radiofónica de 'Drácula' funciona como una metáfora de los deseos que deben permanecer escondidos. La publicidad oficial que anuncia castigos contra las consideradas "desviaciones" sexuales convierte la vida cotidiana de los personajes en un espacio permanentemente amenazado.
El miedo a ser uno mismo
Lo más interesante de 'Narciso' es que la represión no aparece únicamente como una amenaza externa, sino como algo que termina condicionando la forma en la que los personajes se relacionan entre ellos. El miedo a ser descubierto está presente incluso cuando nadie está hablando directamente de él y convierte los espacios más cotidianos en lugares potencialmente peligrosos. Una conversación, una mirada o un gesto pueden adquirir un significado diferente cuando existe la posibilidad de que alguien esté observando.
En ese contexto, la relación entre Narciso y Manuel permite a Martinessi explorar dos maneras diferentes de enfrentarse a una sociedad que no deja demasiado margen para la diferencia. Mientras el recién llegado todavía conserva cierta espontaneidad y una energía que choca con las normas de su entorno, Manuel conoce perfectamente las consecuencias de mostrarse tal y como es. Su doble vida no responde únicamente a una decisión personal, sino a la necesidad de protegerse en un contexto en el que la homosexualidad está perseguida y estigmatizada. Y la película encuentra ahí una tensión constante entre el deseo de vivir libremente y la necesidad de esconderse para sobrevivir.
También me parece importante destacar que la música tenga tanto peso en la historia. El rock que escucha Narciso representa una ruptura con el mundo que le rodea y con las convenciones que parecen dominar la sociedad paraguaya de la época. No es una revolución política en un sentido estricto, pero sí una forma de expresión que introduce otros códigos y otra manera de entender la juventud. Narciso baila, se viste y habla desde un lugar que no encaja con lo que se espera de él, y precisamente por eso su presencia termina resultando incómoda.
Pero Martinessi no convierte a sus personajes en simples símbolos de la represión. Hay contradicciones, deseos y decisiones difíciles, y esa dimensión humana es la que hace que la película funcione más allá de su contexto histórico. El director muestra cómo un régimen autoritario puede infiltrarse en la intimidad hasta conseguir que las propias personas se conviertan en guardianas de sus secretos. El verdadero conflicto no está solamente en quién persigue a quién, sino en lo que cada personaje está dispuesto a ocultar.
Por eso 'Narciso' me ha acabado fascinando tanto. Aunque sea densa y lenta, termina siendo una película mucho más incómoda de lo que su punto de partida podría hacer pensar. Lo que comienza como una historia sobre un joven que llega a una emisora de radio y lleva consigo el sonido de una nueva generación acaba convirtiéndose en un relato sobre la identidad, el deseo y el precio de vivir en una sociedad que castiga aquello que considera diferente.
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