Para sorpresa de nadie, Vladimin Putin volvió a imponerse en unas elecciones rusas sin oposición ni contestación que sea legítima según los dictados estatales. Su posición de líder se mantiene inquebrantable y no pocos se preguntarán cómo es posible a estas alturas. Dudas que podrían haber sido bien atajadas por una película como ‘El mago del Kremlin’ (’Le Mage du Kremlin’).
El hechizo que derribó la democracia
Escrita y dirigida por Olivier Assayas, esta película francesa intenta meterse de lleno en los orígenes del putinismo en Rusia y su impacto en deformar democracias ajenas dinamitando lo que separa lo real de lo inventado. Con Jude Law interpretando al mandatario y con Paul Dano de protagonista, la película hace su estreno en streaming a través de Movistar Plus.
Vadim Baranov empieza a encontrar su rumbo en la Rusia post-soviética de los noventa a través de la producción televisiva. Sus shows escandalosos y de éxito, así como sus conexiones con las altas esferas, le llevan al mundo de la política donde trata de formar parte de un nuevo movimiento ideológico que sacuda occidente, y que tenga un líder claro. Uno que encuentra en un implacable agente del KGB llamado Vladimir Putin.
Assayas vuelve a sacar su faceta de historiador cinematográfico de lo disruptivo, examinando en el pasado figuras también desestabilizadoras como en la imprescindible miniserie ‘Carlos’. Aquí sin embargo no tiene tanto interés en romper con muchos patrones del biopic, aunque intente recargar estilísticamente ciertos instantes para epatar al espectador impresionable.
Su película es grande por dimensiones, durando más de dos horas y media, y por potencial de los sujetos a examinar. También por la materia a tocar, estudiando cómo su uso de las redes ha favorecido el clima de post-verdad que ha favorecido a otros mandatarios reaccionarios con ambiciones autoritarias. No por ello deja de ser frustrantemente dispersa.
Las actuaciones tienen mucha voluntad por su parte, pero también son extremadamente rígidas con ánimo de enfatizar el carácter poco humano de lo que retratan, y sus acentos son también apreciablemente fallidos incluso para oídos poco soviéticos. Hay demasiado carácter viejo tanto en formas como en perspectiva hacia el fondo, lo que la vuelve una película bastante desaprovechada.
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