Lo de Nicolas Winding Refn no tiene mucho término medio: o te encanta, o le odias. Tras entrar como un ciclón en la industria gracias a 'Drive', el director ha tenido libertad para hacer lo que ha querido, con películas visualmente únicas y de autor como 'Solo dios perdona' o 'The Neon Demon'. Ahora, diez años después de su última obra, vuelve a irrumpir en cines ofreciendo la experiencia más disruptiva del año. Ojo: eso no es necesariamente positivo.
Esto es un infierno, dios mío
'Su propio infierno' nace desde la idea de ofrecer un viaje audiovisual. Y da lo que ofrece: colores vivos, planos imposibles y encuadres que solo pueden verse fuera del circuito comercial hacen que sea difícil apartar la mirada durante los primeros minutos de lo nuevo de Refn. Tristemente, después decae de manera flagrante hasta llegar a un estado casi anestesiante: ante nuestros ojos estamos viendo puro estilo propio, pero la rareza acaba tornándose rutina. Y en durante casi dos horas, es normal acabar atragantados porque el plano narrativo, desde luego, no está a la altura del visual.
Nadie puede decir que la película no sea un atrevimiento puro y duro, de esos que cada vez vemos menos. Aprovechando su estatus de autor, Refn nos lleva por un laberíntico camino en el que es fácil perderse hasta llegar al punto de disfrutar de un bonito salvapantallas sin permitirnos saber qué está pasando exactamente. Esta es una obra para creyentes en su director, para personas que saben exactamente qué es lo que van a ver, porque ha multiplicado por cien su personalidad propia sin pedir permiso ni perdón. 'Su propio infierno' es como hacer puenting en un volcán: si no sabes de antemano que vas a disfrutarlo, es posible que acabes odiando la experiencia.
Al director, claramente, le daba absolutamente igual que nos acabáramos enterando de lo que quería contar realmente, en una historia de actrices, espíritus asesinos, amistad y sexo que te exige tratar de disfrutar en lugar de encontrarle un sentido. Sin llegar a ser cine poético (tampoco es esa su intención), 'Su propio infierno' prescinde de cualquier tipo de hilo narrativo y apuesta por el mareo, las luces, el estilo y los homenajes al giallo que, tristemente, quedan huérfanos sin un guion que los respalde. Hay escenas fantásticas, pero ojalá pudiera haberlas disfrutado como parte de un todo y no simplemente como píldoras de genialidad individuales.
Refn por mí
Ojalá disfrutes de esta película todo lo que yo no he podido (o no he sabido). Adoro el cine que me reta intelectualmente, o cuya intención es la de crear arte con mayúsculas yendo más allá de lo que las películas mainstream ofrecen, pero 'Su propio infierno' se me antoja un viaje insoportable. Una colección de tics, proezas y luces de neón que no tiene nada que ofrecer más allá de un bello envoltorio vacío. Podría ser una película valiente, pero el ego de su director lo tapa todo.
Es esta una película hipnótica en sus primeros compases, que es capaz de noquearte dejándote con ganas de saber qué está por venir. A partir de aquí solo hay dos posibilidades: caer de lleno en el sueño visual y continuar hipnotizado por este purgatorio particular, o despertar y ver que tras el brilli-brilli y la perfección técnica solo quedaba el tedio y la anti-narrativa sin descanso, buscando muy conscientemente a un tipo de espectador muy particular y de nicho. Desde luego, el problema de Refn nunca ha sido querer agradar a todo el mundo: más bien el contrario. Y no está dispuesto a soltar el pie del acelerador.
El reparto, plagado de estrellas de segunda división (para qué engañarnos) como Sophie Thatcher, Charles Menton o Dougray Scott, hace lo que puede con unos personajes que se podrían calificar tanto de misteriosos como de enervantes. Al fin y al cabo, son solo una pequeña parte de una mezcla de imaginarios donde Refn quiere explorar hasta qué punto puede llegar su buscada complejidad. 'Su propio infierno' es café para muy cafeteros, servido exclusivamente para los amantes de las experiencias más extremas y más preocupados porque las piezas del puzzle sean bonitas que por la imagen que muestra al terminar. Yo, por mi parte, reconozco que prefiero entender el puzzle en algún momento, por repletos de brillantina que estén sus segmentos.
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