Han pasado más de diez años desde que ‘Birdman o (La inesperada virtud de la ignorancia)’ (‘Birdman or (The Unexpected Virtue of Ignorance)’) ganase el Premio Oscar a la Mejor película (además de dirección y otras categorías) y fuese una de las decisiones más insólitas en la historia de los premios. Se puede entender en parte por su carácter satírico. A veces autoindulgente sobre el arte contemporáneo, desde la creación a la actuación o la crítica, pero no dejaba de ser una propuesta excesivamente lanzada de Alejandro González Iñárritu.
La bravura dirección de ‘El renacido’ (‘The Revenant’) es canónicamente más premiable que una comedia que pone patas arriba el mundo del arte y sus propósitos. Aún así, fue un triunfo que ha generado discusión desde entonces, y también le ha otorgado bastante carta blanca a su director para acometer según qué empresas.
Corte al presente, donde estrena ‘Digger’.
A partir de aquí spoilers de ‘Digger’
En cierto modo su nueva película es un retorno no sólo al género cómico (se podría decir que ya regresó con ‘Bardo, falsa crónica de unas cuantas verdades’, aunque no se puede decir en absoluto que hiciera gracia), sino que en un giro debidamente escondido regresa a todos los aspectos de ‘Birdman’. La representación teatral, la estrella con dudas sobre la producción en la que se va a embarcar, la dinámica mirada entre bastidores y la fuerte reflexión sobre el mundo de arte actual.
Lo teatral vuelve a ser una excusa para comentar el cine en general, pero en lugar de realizar otro trabajo que pueda leerse demasiado como celebración autoindulgente (no es que la película se libre de parecer autoindulgente, pero de otra forma) acaba hurgando en las limitaciones del mismo para denunciar el mundo a su alrededor. Al fin y al cabo, la propia existencia de la obra teatral, así como de la película, es gracias a la financiación de magnates que ven en el entretenimiento por encima de todo un rédito económico.
La relación de arte y comercio genera roces inevitables porque el cine necesita de mucho dinero para producirse. Iñárritu es consciente de ello, pero no puede evitar señalarlo con ‘Digger’, tanto en la decisión del personaje de Tom Cruise de apoyarse en el millonario productor de su obra para rescatar a su hija (aunque fuese la familia de este benefactor la que causase el desastre que casi la hace desaparecer) como en la celebración exaltada de un público viendo representada la caída de un magnate contra el que no puede revolverse en la vida real.
Nada que celebrar en ‘Digger’
Los trucos que emplea ‘Digger’ son casi todos heredados de lo que hacía ‘Birdman’, quitando el falso plano secuencia. Sin embargo sus intenciones van mucho más allá, y son menos interpretables desde lo celebratorio. No hay mucho espacio para el optimismo y sí para observan los dobles finos de meterse en una industria como el cine.
Esto la hace más arriesgada, y se podría argumentar que mejor, pero también la va a volver repelente para tener cabida en la próxima temporada de premios. Aunque más jugará en su contra su inevitable debacle comercial, porque al final estos son premios de industria, así que su única esperanza está en que Cruise sí parezca lo bastante convincente para ser su representante único.
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